16.5.11

Osama y el oficio del terror

Después de 10 años jugando al escondite, Osama Bin Laden pierde luego de que una operación militar de los Estados Unidos lo dejara sin vida en su escondite. Esta noticia ha ocasionado cientos de comentarios, opiniones y reacciones en todo el mundo. Algunos celebran la muerte del líder de la organización terrorista Al Qaeda, otros tiemblan imaginando cual será la represalia del sucesor del dirigente Talibán, algunos critican a Estados Unidos de matarlo cuando estaba desarmado y muchos, se entregan a las delirantes teorías conspiratorias sobre si realmente murió o si esto no es más que una gran mentira para subirla disminuida popularidad del presidente Barak Obama y Osama está encerrado en una prisión secreta o tomando piñas coladas en algún lugar del caribe.
Voy a obviar lo de las teorías conspirativas no sólo porque no entiendo la necesidad de inventarnos una realidad más complicada que la que ya tenemos (¿quizás el querer vivir en una emocionante película de Hollywood?) sino porque los que realmente creen en estas versiones, son lo suficientemente fanáticos como para ser convencidos de lo contrario. Más bien comentaré sobre aquellos individuos que expresaron que no había nada que celebrar y que sentían incluso pena por la muerte de un ser humano.
Primeramente comenzaré diciendo que estoy en contra de la pena de muerte y que creo que la muerte de un ser humano es un asunto delicado y que ante un criminal o alguien que merezca un castigo, considero que es más aleccionador mantenerlo encerrado con vida que acabar con su existencia (ya que no sabemos si existe un infierno o un más allá en el que pague sus actos). Dicho y aclarado este punto, por otro lado, no hay manera de que pueda entender como alguien puede entristecerse por la muerte de un individuo como Osama Bin Laden.
¿Que la gente no tiene nada que celebrar? Acaso cuando Hitler se suicidó, ¿los judíos no tenían razón de alegrarse y celebrar? ¿Que este tipo era un ser humano y su muerte es lamentable? ¿Alguien se acuerda del oficio de Osama Bin Laden? Este tipo era un líder terrorista, con entrenamiento de la CIA, involucrado en la caída de las Torres Gemelas, las bombas en Londres y Madrid, decenas de explosiones de Embajadas, tortura y ejecución de soldados y periodistas grabados en video, asesinato y mutilación de otros musulmanes que no apoyaban la secta radical del Talibán, etc. Pero ahora resulta que como fueron los yanquis los que lo mataron, ¿el tipo era un santo y nadie puede sentir alivio de que su amenaza sobre la población mundial haya desaparecido?
El que los Estados Unidos sea culpable o no de guerras absurdas como la de Irak y Afganistán, que su práctica imperialista sea desastrosa para las demás naciones, sobre todo las tercer mundistas, que sea contradictorio que luego de que le dieran un premio Nobel de la Paz a Obama, el continúe con la guerra y haya dirigido un operativo para matar a Osama, nada de esto anula el hecho de que este tipo era un asesino y un terrorista.
Es una lástima que no lo hayan arrestado y encerrado para siempre en una celda, pero quizás era lo suficientemente peligroso como para que el riesgo de no matarlo ameritara su asesinato. Lo cierto del caso es que, yo si me alegro de un asesino menos en el mundo, aunque ¿quién sabe? Tal vez la teoría de que no está muerto sino encerrado en una prisión secreta sea cierta y ahí le estén dando su merecido castigo.

Luis Grande
Periodista – Videógrafo – Cineasta

5.5.11

Ciclo Laboral

Suena la alarma, son las 4:50 am. Un nuevo día comienza. Es muy temprano, pero el agitado mundo exterior, tímidamente, emite sus sonidos particulares. Enciende la luz del baño y observa su rostro. La barba de tres días y las ojeras pronunciadas. Mientras se asea piensa en mil cosas: el trabajo pendiente y tantas situaciones sin resolver. Sale del baño, enciende un cigarro y va por la limpia. Son las 5:30 am. Los ruidos han aumentado. Escucha las voces de la gente que baja el cerro rumbo al trabajo. Se viste de negro y bota la colilla del cigarro.
Coge su morral y sale de casa. Son las 5:50 am, los primeros rayos del sol le golpean la cara. Junto a él, bajan miles de desconocidos, nadie le habla a nadie. Mientras camina enciende otro cigarrillo. Un vagabundo que vive entre perros y gusanos le pide algo de dinero, él lo ignora. El señor de la calle le canta unas cuantas palabras de agradecimiento. Son las 6:00 am.
Espera, eternamente, la llegada de la camioneta, 15 minutos de soledad acompañada. La furgoneta pública, por fin, llega. El humo tóxico que emana rompe el silencio del pequeño grupo de recibimiento. Entre empujones y mordiscos, logra montarse en el transporte. El calor humano lo conmueve, el ambiente de comunión que envuelve la unidad, es sublime. Recuerda cuanto quiso a su perro. Son las 6:30 am.
El calor comienza a sofocarlo, con unas ganas terribles de fumar, siente el pasar lento de las horas. Sus compañeros de viaje -que van en aumento exponencial- se desesperan ante la lentitud y amabilidad del conductor. En forma grupal o individual le agradecen lo placentero del viaje. Son las 7:20 am, todavía queda un corto camino para llegar. Saluda al vendedor de periódicos y compra el ejemplar del día. Sin poder fumar, entra por la entrada principal del edificio.
Una sala llena de espejos lo recibe, escucha un murmullo ininteligible y responde con un movimiento sutil de la mano izquierda. Con otros sube por el ascensor hasta la parte más alta del lugar, nadie se escucha en ese rectángulo, todos en su mundo, encerrados. Llega a su cabina, son las 7:30 am y enciende su PC. Se levanta y va por un café, y se detiene en la ventana del 11vo piso y no observa nada.
Esa operación, levantarse para tomarse una taza de café y mirar por la ventana, la intercala varias veces con la tortura de sentarse en su celda y confinarse a la pantalla del monitor. Las horas pasan volando, son las 12 del medio día y consume algunos alimentos. Estando con otros, está acompañado por su soledad. Las horas siguen pasando con ligereza. Son las 5:00 pm. Termina su jornada laboral, sin nada extraordinario. Emprende el regreso. El mismo acto religioso de la mañana, pero con signo contrario.
Son las 7:20 pm. Llega a su casa, se quita la ropa y la deposita en la ropa sucia. La de mañana la selecciona y se lanza a la cama, cenando las grietas del techo a la espera que los ojos se cierren. Las horas pasan. Las mismas preguntas de la mañana se repiten, mientras el sueño gana terreno. Termina otro día, son las 9:50 pm.
Suena la alarma, son las 4:50 am. Un nuevo día comienza. Es muy temprano, pero...      
 
Federico Zaá
Periodista 

1.5.11

¡Feliz día de la Crisis!

EDITORIAL #6 - MAY 2011

Este mes, en Las Loterías de Babilonia, se lo queremos dedicar al trabajo. En todos sus aspectos. El trabajo de oficina o freelance, el trabajo que te gusta, el trabajo que odias, el primer trabajo que tuviste, el que te gustaría tener, el trabajo fraudulento, el trabajo que pasaste para conseguir el trabajo que tienes o el trabajo que te está costando conseguir trabajo.
Para empezar a entrar en tema, tengo una proposición: conseguir un día para celebrar el Día de la Crisis. Sí, porque así como hoy felicitamos a todos esos hombres y mujeres que se levantan de lunes a viernes (y sábados y domingos) para hacer patria; también estamos los otros, el lado oscuro de la luna: los desocupados.
Aquellos jóvenes entusiastas que, durante cinco años (o más, o menos), se quemaron las pestañas entre libros, soportaron profesores negligentes, lidiaron con los vaivenes de la post-adolescencia y dieron lo mejor de sí para salir exitosos o, al menos, bien parados de eso que llaman Universidad. Todo para que, al final de aquel camino, con altas y bajas, no quedara más que el estruendoso golpe de la realidad: esto es la selva y estamos en tiempos de crisis. Por lo que no todos trabajarán en la carrera cuyo gran título cuelga en la biblioteca de la casa y, algunos, más desafortunados, quizá ni trabajen.
Sí, “son tiempos difíciles” y esto lo venimos escuchando desde la infancia. Sin embargo, hoy lo vivimos, lo decimos en voz alta y nadamos en esa corriente.
“Trabajar cuesta mucho trabajo” canta la Mala Rodríguez. Y ella lo debe saber bien pues viene de España, en donde el desempleo alcanzó un 2%, según decían los noticiarios el otro día. Así, esta minoría va ganando cada vez más adeptos [forzosos] y se va perfilando más posible darle finalmente cabida a los “tiempos difíciles” en nuestro calendario de feriados y celebrar con un gran brindis el Día de la Crisis.
¡Feliz día a todos! En serio, a todos.

Adriana

26.4.11

All you need is "love"

Los Beatles bien lo decían: todo lo que necesitas es amor. Se que ellos se referían a otra cosa, pero voy a usar su frase para exponer un punto sobre nuestro lenguaje y el concepto que tenemos de amor.
Amor. Esa palabra tan compleja y que tanto abarca, que algunas personas han querido encasillar. ¿Qué es el amor? ¿Un significado que le otorgas a una persona determinada, una reacción Bioquímica en nuestro organismo, una conexión mística entre dos o más personas, un invento de la mercadotecnia para vender tarjetas y bombones en el día de San Valentín, todas las anteriores o ninguna de estas?
Definitivamente, soy de los que considera que el idioma español es superior al inglés en muchos aspectos. Pero hay una cosa que me encanta de la lengua anglosajona y que conceptualmente, en este caso, lo coloca por encima de la lengua de Cervantes. Para los que hablan inglés, no hay distinción entre un amor y otro. “Love” encierra todo tipo de afecto. En cambio, los hispanohablantes han querido clasificar y catalogar el tipo y la intensidad del amor, el significado del afecto en relación a la palabra que se usa para nombrarlo. “me gustas”, Te quiero”, “te aprecio”, “te tengo afecto”, “te adoro”, “te amo”… Pareciera que cada una de estas expresiones debe ser escogida para aquel destinatario que lo merezca.
¿Pero es que acaso no es amor a fin de cuentas? ¿No es amor aquello que sentimos por nuestra familia, por los amigos, por nuestra pareja, por nuestros ídolos artísticos y/o deportivos y por nuestras mascotas? ¿Podemos decir que amamos más a algún miembro de estos grupos? Puede ser que lo expresemos físicamente de forma distinta y que lo sintamos de manera diferente, pero en el fondo es amor.
En eso, el inglés aventaja al español cuando unifica el afecto bajo un solo concepto. Una palabra para describir el amor, sea lo que sea que eso sea. Yo amo a mis padres, amo a mis hermanos y a mis sobrinos, amo a una mujer con amor de pareja, amo a mis amigos que están ahí siempre para mí, amo a mi patria, amo la música de Cerati y la de los Beatles, amo algunas canciones aun sin gustarme más nada del autor, amo el cine, amo la lectura y la escritura, amo la buena comida y amo a mi gata Antígona. No los amo de igual manera a todos, pero a todos los amo y no necesito otra palabra para decirlo. Sólo necesito la palabra “amor”.

 
Luis Grande
Periodista – Videógrafo – Cineasta

18.4.11

Ana y ese oscuro objeto del aseo


“Dos años y cinco cepillos de dientes. Nada mal”, pensó Ana con ironía. Con una pequeña caja de madera en el regazo, Ana paseaba la mano por su pequeña colección de cepillos de dientes usados. La habitación tenía las luces apagadas, pero la luz de afuera le dejaba distinguir cada uno sin necesidad de marcarlos. El rojo Oral-B era de Ramón, el azul Colgate era de Manuel, ése estaba casi nuevo. También había uno de viajero, de esos que son simples y se doblan, ése era de Rodrigo.
Aquella colección no significaba un logro, Ana bien lo sabía. Pero, mientras que algunos guardan fotos o cartas, Ana guarda aquellos implementos de limpieza bucal como constancia de que había estado dos años pasando de una relación fracasada a otra. Esta noche, Ana no está disgustada ni triste por esto: sólo tiene una extraña sensación.
Hace un mes que conoce a Alberto y han salido algunas veces. Fueron al cine, fueron a cenar, jugaron jockey de mesa, bailaron, bebieron y muchas veces amanecieron juntos en la cama de él.
Ana está cómoda. Conoce los códigos de iniciación, las preguntas de rigor que te van dando claves de acceso a la otra persona y cuyas respuestas van llenando un formulario de solicitud para una nueva cita. La música que escucha, la película favorita, el equipo de fútbol, el hobbie, el trabajo, el tipo de familia de la que viene, etc. Nada muy a fondo, todavía esto es sólo un piloto. Como las pruebas de resistencia que les hacen a los autos, este mes sólo ha sido un chequeo para asegurarse de que vale la pena sacar al dummie del asiento delantero y poner a una persona real.
Ana está lista: lo quiere invitar a su casa. Quiere que conozca su espacio, le quiere cocinar algo en su cocina, quiere que duerma en su cama y que se cepille los dientes en su baño. Eso. Quiere que Alberto termine de marcar la tarjeta de entrada a su vida y que se termine de instalar.
Una vez le dijo para cenar en su casa, pero Alberto trabajaba ese sábado, así que sería más cómodo si iban a la casa de él. La otra noche, a la salida del bar, le propuso dormir en su casa, pero Alberto dijo que estaban más cerca de la de él. Y sí, tenía razón.
Así han pasados dos meses más y Alberto sólo conoce la fachada del edificio de Ana. Ana continúa insistiendo, confiando que, en cualquier momento, Alberto entrará a su casa y se quedará a dormir y dejará su olor en la almohada y un cepillo de dientes al lado del lavamanos. Sin embargo, qué extraña sensación la que tuvo cuando se sorprendió a ella misma comprando un cepillo de dientes nuevo de camino a la casa de Alberto. Y al dejarlo en el baño de él, tuvo una certeza.
Esta noche, con la caja de madera en su regazo, con la habitación apagada, iluminada por las luces de la noche, lo dijo en voz alta: “este hombre será mi perdición”. Y esta vez fue ella quien tuvo razón.

Adriana

8.4.11

Libia no es un jardín de condominio

El Medio Oriente se encuentra en un tiempo de cambio y revolución. Ya son varios los países que se han alzado en contra de aquellos que, durante décadas, han oprimido estas naciones. Egipto, Yemen, Libia, estos y otros nombres han resonado en las noticias durante las últimas semanas, algunos con más frecuencia que otros.
Ahora bien, en el caso de Libia, una polémica acompaña al movimiento de insurgencia nacional. Tras el hecho de que el dictador Muammar Gaddafi ha decidido responder a los rebeldes con toda la fuerza del ejército, un grupo de países aliados (Francia, Estados Unidos (EEUU), Gran Bretaña, España, Italia, Holanda, Canadá, Italia, Dinamarca, Noruega, Bélgica, Grecia, Qatar y los Emiratos Árabes) ha decidido entrar al combate a favor de los que se oponen al presidente de facto.
Varios países, por su parte, se han pronunciado en contra de esta acción. No es casualidad que dichas naciones son aquellas que no sólo comparten el ideal socialista de Gaddafi, sino que tienen líderes que han buscado métodos de postergarse en el poder y que no piensan abandonarlo. Por citar dos ejemplos perfectos: Venezuela y Cuba. Chávez se ve reflejado en un espejo cuando predice que quizás en unos veinte o treinta años, cuando haya perdido toda la popularidad y la fe ciega de sus seguidores, el pueblo se subleve en su contra y una coalición de países preste ayuda a los rebeldes.
También hay gente que se dedica a opinar sobre el conflicto condenando la acción como un movimiento imperialista de los EEUU. Dicen que no se justifica la acción bélica dentro de Libia por parte de otros países, etc. Esta gente, pareciera creer que los conflictos de política internacional son comparables con las disputas con el vecino de la casa de al lado, al que le pides que baje el volumen de la música porque no te deja dormir, o al que le peleas porque no limpia la caca del perro en el jardín del condominio. Gaddafi está matando civiles, lleva en el poder desde el 1 de septiembre de 1969 y ya que todo el mundo da su opinión, yo doy la mía: personalmente, considero que, como lo ha venido demostrando el pueblo árabe, es hora de que se acaben las dictaduras. Basta de los tiranos que mediante adoctrinamiento, fuerza, miedo y maña, se logran mantener décadas en el poder, en nombre de ideales abandonados años atrás y dejando a un pueblo en la absoluta sumisión.

Luis Grande
Periodista – Videógrafo – Cineasta

6.4.11

La insoportable resistencia al cambio

Ese día, desperté bañada con la inercia de los días, lista para rodearme de gente común. No tenía de idea de lo que estaba por pasar. No había señal alguna de que algo iba a cambiar: me costó lo mismo de todos los días levantarme de la cama, me tardé los mismos 40 minutos en la ducha que suelo tardar, me tomé el mismo café de todas las mañanas, me subí al mismo colectivo de siempre con el mismo retraso habitual. Nada podía indicar que ese día terminaría completamente diferente al resto de los días.
Así, sumida en el autismo automático de las mismas acciones repetidas: desperté y vi todo claramente. Yo podía hacer algo más.
Renuncié. Renuncié al trabajo y a ir todos los días a una hora que no me gusta a un lugar que no quiero. Renuncié a sentirme atrapada. Renuncié a quejarme de lo que hacía. Renuncié a resignarme y obedecer. Renuncié y respiré.
Celebraba mi triunfo sobre lo impuesto cuando la gente a quién comuniqué mi decisión me decían: ¿Cómo? ¿Por qué? ¿Y ahora? ¿Qué vas a hacer? ¿Estás bien? ¿Cómo, cómo en la vida te vas a quedar sin trabajo? Yo los miraba dándoles tiempo a que recordaran todas las veces que dije que no me gustaba lo que estaba haciendo y que notaran mi cara que no decía otra cosa que ‘alivio’. Pero no.
Me encontraba frente a personas que no entendían el cambio y que lo consideran maligno. Personas que se angustian frente a la incertidumbre y que clavan las uñas en su realidad con tal de que nadie las mueva ni un poquito. Personas que no se atreven y se quedan estancadas en el mismo lugar.
Me alivié de no ser así.
«“El mundo es de los audaces”, decía mi abuelo», comenta Vicky. Y también me alivié de encontrar alguien que piense como yo.
Pitágoras recomendaba elegir siempre el camino que parezca mejor sin importar que este sea duro, pues la costumbre se encargaría de hacerlo fácil y confortable. Yo creo en esto y que, una vez que te sientas cómodo, cambies el rumbo una vez más.
¡Salud y que venga lo bueno!

Adriana