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25.12.10

Público Privado II

No es venezolano y tiene residiendo en Venezuela desde el 2002, si no fuera por su obvia pronunciación pudiera pasar por cualquier caraqueño, tiene un léxico perfecto, estudió Letras y es periodista. La iniciativa surgió estando en New York cuando vio como en posters de personajes famosos habían calcomanías en forma de nube sin nada adentro invitando a los peatones a escribir lo que consideraban que estaban pensando dichos personajes, fue así como surgió esta idea, que él no considera un movimiento o un grupo sino sólo una expresión.
Asumió esto no como un hobby ni un trabajo, sino como parte de su rutina, algunas tardes se reúne con sus amigos y escriben estas frases puntuales, atrevidas, amenazantes y divertidas… Admitió que su objetivo no es ser reconocido, sino que las personas tomen esta iniciativa y aprovechen el espacio público para expresarse.
Esa noche descubrí un personaje muy lejano a las personas que me rodean, fue maravilloso conocer la opinión de una persona apasionada con el espacio público y lo urbano. Reflexionamos por casi dos horas sobre el derecho y el deber que tiene el ciudadano, sobre el papel de las Alcaldías, del Estado, del peatón, del que maneja, del panadero, del indigente, del ladrón. Nunca tocamos temas personales…
Fue un encuentro sincero. Las calcomanías fueron producto de una necesidad que el visualizó, mi curiosidad fue producto de un susurro y nuestro dialogo fue el resultado.
Un encuentro en el que identifiqué mil cosas, la más importante es que aun cuando fue una demencia reunirme con alguien que no conocía, haber tenido esa conversación me hizo recordar que es muy fácil vanagloriarse de una filosofía, una idea o una posición, pero en la discusión, en el dialogar, en el ser atrevido y respetar las opiniones de los demás es lo que nos hace, no sólo vivir con intensidad, sino ser verdaderos ciudadanos.

Lilibeth
Lic. Comunicación Social

21.12.10

Público Privado I

Tenía cuatro meses caminando por las calles de Chacao (Caracas, Venezuela) sintiendo que me hablaban. Al principio pensé que era una especie de juego al cual no pertenecía, que era algo personal entre dos y que yo sobraba, cuando  volteaba me daba pena, era como si estaba viendo algo que no debía. Hasta que un día me hablaba en otra urbanización, en otras calles. Su mensaje me hacia pensar, me hacia dudar, me sentía identificada algunas veces y aun cuando no estaba de acuerdo con lo que decía, lo extrañaba cuando no lo veía y me di cuenta que no era algo privado, era algo para mí, para todos… público.
Cambié de ruta buscando evadirlo, pero ahí estaba y era algo tan simple como una calcomanía amarilla, siempre con la misma letra y con la misma misión (asumo yo) hacerme pensar mientras caminaba. Me produjo mucha curiosidad saber quién era el autor, por qué expresarse por medio de una vía tan etérea y con mensajes tan subliminales ¿Quién era el que me invitaba a curiosear?
Por una época pasé semanas sin escucharlo (leerlo), la verdad pasé semanas sin caminar por ahí. Hasta que un día me llamó la atención un mensaje acusador medio escondido: “Por ti estamos como estamos”, no fue la denuncia de la frase lo que me cautivó sino el correo que tenía copiado al lado. Esa misma noche le escribí.
Hasta que por fin este hombre (siempre imaginé que era un hombre) decidió recibir feedback. Llegamos a intercambiar 3 ó 4 mails antes de conocernos. Aquél día salí del trabajo entre arrepentida de haber aceptado ese café y emocionada por acabar con el misterio.
A las 7.33pm de un jueves decembrino estaba sentada en una de las calles donde meses atrás había sentido que unos mensajes me susurraban, esperando saber lo que este hombre de 32 años, delgado y con lentes (así se describió) tenía que decirme.

Lilibeth
Lic. Comunicación Social