Mostrando entradas con la etiqueta Pedro Camacho. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Pedro Camacho. Mostrar todas las entradas

14.2.11

Tantas veces Pedro (o reflexiones sobre mi nombre) II


Pedro Camacho, Pedro Camacho… Hace varios años un curioso documentalista estadounidense de nombre Alan Berliner,  decidió reunir a todos los Alan Berliners que pudo encontrar a través del directorio telefónico en una misma habitación para una cena. En el caso de su nombre el resultado sólo convocó a unos 8 invitados que con una pizza familiar hubiesen quedado contentos.
Con sólo la utilización de Facebook, en cambio, yo sería capaz de convocar un banquete de más de 400 personas con mi mismo nombre. No quiere decir que los pudiera reunir, pero tendría la posibilidad de invitar a más de 4 centenares de Pedros Camachos.  De presentarme, entonces, ¿qué me haría único? ¿Cuál sería el logro a destacar? Mientras más lo pienso, sólo se me ocurre tomar refugio en esta misma disertación sobre mi nombre, llegar a ser el único Pedro Camacho que se ha tomado la molestia de averiguar, contactar, conversar y, ¿por qué no?, invitar a los demás a conocerse. Fue así que encontré la semana pasada a Pedro Camacho, con quien no sólo comparto nombre, sino que estudiamos en la misma universidad e incluso tenemos tres amigos (de esos “amigos” de Facebook) en común. Esto lo convierte en el Pedro Camacho más cercano a mi vida (fuera de mi familia) y punto de partida perfecto para iniciar contactos con la tropa de Pedros.
Por lo tanto, y para finalizar, Pedro, si estás leyendo esto, te pido que aceptes mi solicitud de amistad. Es, posiblemente, mi único camino a la notoriedad.

Pedro Camacho
Periodista – Documentalista

27.1.11

Tantas veces Pedro (o reflexiones sobre mi nombre) I

La mayor parte de mi vida sólo conocí tres otros Pedro Camacho: mi abuelo, mi papá y mi primo. Caí en cuenta, a temprana edad, que de escuchar a alguien mencionar ese nombre, había tres (y sólo tres) posibilidades de que no se estuviese refiriendo a mí. Este hecho me tranquilizaba. Años después, ya en la universidad, mi profesora de redacción me dio a conocer a Pedro Camacho, el “escribidor” de la Tía Julia de Vargas Llosa y entendí que mi nombre había sido leído por miles (quizás millones). Este honor me daba alegría. Mucho después, cuando ya tenía curiosidad suficiente (y el ego necesario para hacerlo) decidí googlearme y encontré a Pedro Camacho el dj brasilero, Pedro Camacho el reggaetonero cubano, Pedro Camacho el compositor portugués de música para videojuegos y películas y Pedro Camacho el sacerdote homofóbico. Este hallazgo me provocaba intriga. (Para los que están llevando cuenta, ya van seis menciones de mi nombre y sólo voy por el primer párrafo de este escrito. Imagino que es el precio a pagar por un artículo basado completamente en mi nombre).
Pedro Camacho, Pedro Camacho… Cuando tu nombre es así de común, definitivamente te hace pensar en qué es lo que te hace único. ¿El cine? El más popular de todos los Pedros Camachos en Google es un portugués que compone música para películas e, incluso, es el único tocayo con un perfil en IMDB, la base de datos fílmicos más grande de Internet. Eso hace ver minúscula mi ínfima trayectoria de dos cortometrajes de ficción y un documental ¿El más visitado en Youtube? Ese honor recae, sin duda alguna sobre los hombros de Pedro Camacho, el cubano, que junto a su grupo denominado sencillamente El Clan ha cosechado éxitos reggaetoneros como “Yo no se porqué”, “Mi novia me tiene cansao” y “No tengo la culpa” (este último con más de 48 mil reproducciones por sí solo). ¿Pedro Camacho, escritor? El autor español de El Rincón de Pedro Camacho, un espacio en el que comparte recomendaciones literarias  con sus cientos de seguidores, con una predilección particular por las obras fantasiosas y con contenido mágico.  Tantas veces Pedro, tantos logros. Somos portadores de un nombre de logros, dentro de los cuales los míos, fuera de unos artículos en una revista y uno que otro videíto rodando por la red, eran escasos. Quizás deba más bien agradecer no ser asociado a la oveja negra de todos nosotros los Pedros Camachos, el cura español antiaborto, anti gays y anti derechos de la mujer, un verdadero imbécil que pone en desgracia mi excesivamente usado nombre. Pero hasta eso lo hace único…

Pedro Camacho
Periodista – Documentalista

15.12.10

El día que Tommy conoció a Oprah

Tommy Hilfiger conoció a Oprah Winfrey en mayo de 2007. No fue hace 10 o 12 años, como la mayoría del mundo siempre ha creído. Fue en 2007 y lo hizo para poner fin a lo que probablemente sea uno de los rumores de mayor difusión y longevidad de la historia. “En los 21 años que lleva mi programa al aire, ¿alguna vez has estado en el programa previo a esta ocasión?”, preguntó la afamada conductora del talk show con su mismo nombre. “Desafortunadamente no”, respondió el popular diseñador. Dos de los nombres más reconocibles de la cultura popular norteamericana en los últimos 25 años, sinónimos con el imperio de la televisión y la moda respectivamente, habían sido involucrados en un chisme basado en racismo, xenofobia y odio que pocos se habían molestado en corroborar y que se había esparcido como una epidemia durante más de  una década ¿Cómo llegó un rumor a agarrar tanta fuerza, poner en jaque una marca trasnacional y despertar la ira de latinos, afroamericanos y asiáticos alrededor del mundo? 

Si Internet se ha convertido en el medio idóneo para esparcir rumores infundados, entonces el de Tommy y Oprah fue, sin duda alguna, el pionero. "Si yo hubiera sabido que los negros americanos, los latinos, mexicanos y los asiáticos comprarían mi ropa, no la hubiese diseñado tan bien. Desearía que ese tipo gente no comprara mi ropa, pues está hecha para gente caucásica, de clase alta... y desearía dársela mejor a los cerdos". Estas palabras habían sido suficiente para que Tommy fuese retirado del programa en vivo, según la notoria cadena que probablemente todos (incluyéndome) aún debemos tener en nuestra cuenta de Hotmail o Yahoo. Además, alentaba al lector a boicotear toda la mercancía que vendía Hilfiger.
Hoy en día Internet nos provee a sus usuarios la posibilidad inusitada de corroborar qué es cierto y qué no lo es. Basta con navegar diez minutos la red para encontrar un veredicto de la liga antidifamación, una aclaratoria del propio programa de Oprah y, por si fuera poco, esta joya: http://bit.ly/gPHwjD, el video de la primera visita de Tommy a Oprah, no para hablar de ropa, no para hablar de moda, sino para desmentir que fuese un patán xenofóbico.
No sé muy bien con qué quedarme de esta historia. Por un lado, podría ser que la enorme oferta de información en Internet debe traducirse necesariamente en un enorme deseo de corroborar su veracidad por parte del usuario. Por otro, me lleva a reflexionar por qué como latinos fuimos tan propensos a creer que un diseñador estadounidense estaría tan dispuesto a vociferar su odio hacia nosotros, incluso si eso se tradujera en daños financieros para su propia empresa. Lo que si espero es que la gente ya no deje de comprar ropa Tommy porque la considere una apología al racismo, sino por la misma razón por la que yo nunca la he comprado: es fea y cara.

Pedro Camacho
Periodista – Documentalista