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25.2.11

Status

¿Sabes de qué me di cuenta? Con una relación a distancia, sin quererlo solo nos quedamos con “lo mejor”.
Respuestas inteligentes, frases sin errores y tiempo para responder, hacen de las teclas una bendición/maldición en la que todas las conversaciones controladamente espontáneas hacen que creemos a un personaje que sustituye a la otra persona por una ideal, que siempre sabe qué decir. Claro, después de un breve delay.
Qué manera tan académica de decir nada.
La distancia es un fetiche
Cuando estás lejos y  nos comunicamos brevemente por la computadora, lleno los vacíos de tu ausencia con situaciones idílicas que pertenecen más a las novelas de revista de sala de espera que a la realidad.
“Si estoy pensando en ella, ella debe estar en lo mismo”.
“No puedo esperar a llegar a la casa para contarle únicamente lo mejor o lo peor de mi día. Nada de las nimiedades de las que hablan los novios de verdad. Hablaremos solo de cosas inteligentes, románticas, y divertidas. Cuando empiece el silencio del aburrimiento nos desconectaremos y ya, ‘hasta la próxima entrega’.”
Ni hablar de la exclusividad mentirosa, limitada a un total “compromiso mientras tecleo”. Cuando hablábamos pantalla a pantalla, eras la única y yo era el único, la pareja perfecta. Pero cuando bajaba la tapa de la laptop, era un soltero más. Y tú eras exactamente igual. O peor
La verdad es que tener una relación contigo es muy parecido a vivir en este país: requiere de masoquismo e ingenuidad.
Para mí eres una mezcla de recuerdos que todavía me aceleran el pulso: el olor de tu cuello, tu piel erizada después de soplar tu tatuaje, una carcajada escandalosa. Las malas memorias se diluyen en unas cuantas situaciones; la vez que no te tomaste en serio algo que dije, la discusión de aquella película, el día que no fui tu prioridad (de hecho estaba de octavo en esa lista, después de la universidad y aquel proyecto). Te has convertido en una imagen, una intoxicante neblina de sentimientos.
Sé que andas igual.
Hace un par de semanas, me desperté arropado hasta la nariz en un domingo lluvioso y sin darme cuenta pasé una hora abrazado a tu proyección. ¿Sabes lo absurdo que es que el fundamento de nuestra relación sea la fantasía de algún encuentro futuro, musicalizado por los Beach Boys con olor a pasto recién cortado?
Te adoro, eres deliciosa como gaveta de bulímica, genial como una canción de Lennon y absurdamente hermosa. Pero esta cosa seudo platónica no va a ningún lado. Se perdió en el ciber espacio, se convirtió en una anécdota nerd.
Ya no voy a leer ansiosamente “Beatriz está escribiendo…”, subir el volumen de tu voz en mis audífonos ni encabronarme con la compañía de teléfonos cuando la conexión se pone lenta.
Sin más que agregar, le doy a send y desconecto el puerto. Es hora de buscar relaciones analógicas y físicas. Si algún día nos reencontramos respirando el mismo aire, tal vez empezaremos de nuevo.
Send...
Milton Granadillo
Comunicador Social
http://sicomoelmounstro.worhttp://sicomoelmonstruo.wordpress.comdpress.com

25.1.11

Vivir en el desierto (I)

Hace poco viajé al Desierto de Atacama. Aparte de ser la analogía perfecta para mi vida sexual del momento, es un lugar increíble que realmente disfruté.
Fui sin investigar absolutamente nada sobre el lugar, lo cual hacía que cada cosa se convirtiera en una experiencia formidable. Recomiendo esto de conocer sin averiguación previa; la incertidumbre y la sorpresa hacen que el viaje valga mucho más. Claro, si no terminas desnudo en algún callejón.
No voy a detallar mucho sobre el lugar para no estropearle el viaje al que decida ir. Además, elevar las expectativas está altamente relacionado a la decepción. ¿Acaso te has  reído de un chiste que empiece con “te tengo uno demasiaaado bueno”?
En fin, el primer día fui con un Tour al Valle de la luna. Luego de una tarde apreciando un paisaje increíble que prácticamente me dislocó la mandíbula, subimos a la Gran Duna ¿Debo describirla o la lógica basta? Una. Gran. Duna.
Al llegar a la cumbre, la mayoría entorpecía el momento con anécdotas totalmente ajenas al lugar, de esas que solo se cuentan para demostrar que has viajado a otros lugares. También revolotearon como moscas  los constantes comentarios redundantes como “Qué bello, mira, el atardecer” (Sí, señora, estoy viendo exactamente lo mismo).
Todos  se fueron callando y ahí, en ese momento de Milton-montaña-atardecer, pensé “¡Qué bolas este lugar, qué bolas mi vida!”. Ahí tenía que estar exactamente así. Solo, en silencio, drogado con el litio concentrado en la neblina…
Hablé solo cuando me daba la gana, eso es genial para alguien como yo, alérgico a las conversaciones de ascensor: cuando quería conversar, siempre había alguien cerca y cuando perdía el interés, simplemente me iba. Así, sin falso interés ni idiota cortesía, solo pude escuchar historias interesantes. Esa es mi idea del Cielo.

Milton Granadillo
Comunicador Social